«El garrote vil en Cuba»

La utilización del garrote nace por un real decreto de 28 de abril de 1832, en el último período del reinado de Fernando VII. El garrote sustituiría a la horca como método para aplicar las penas capitales.A la calle Bernaza en La Habana se le llamó el camino de la horca porque conducía a donde estaba instalada esa máquina de muerte, en lo que luego fue la Plaza de las Ursulinas, hasta que en 1810 la trasladaron para la explanada de la Punta. Después de 1832 la horca fue sustituida por el garrote.

El reo, atado de pies y manos, era sentado en una silla y un collar de hierro que se accionaba mediante una palanca le producía la dislocación de la apófisis de la vértebra axis sobre el atlas de la columna vertebral. Dicho en otras palabras: aquel collar le rompía el cuello a la víctima. Si el garrote dañaba la cervical y ocasionaba un corte en la médula, el sentenciado entraba en coma cerebral y moría de manera instantánea.

Rara vez sucedía así, sin embargo, ya que el tiempo de la muerte en el garrote dependía de la fuerza física del verdugo y de la resistencia del cuello del condenado. Por lo general el agarrotado moría por estrangulamiento, con excesiva lentitud y presa de una agonía espantosa.Con el tiempo dejó de hablarse del garrote noble y del ordinario y quedó solo el término de garrote vil para designar la máquina fatal y la pena misma. Siguió utilizándose ese instrumento de muerte tras el cese de la dominación española en Cuba, donde persistió hasta 1930, se dejó de utilizar tras las ejecuciones de Antonio Padilla y Domingo Betancourt, convictos del asesinato de Florencio Camporro, propietario de “El Pensamiento”, casa de empeños y préstamo ubicado en la calle Sol, en la capital.

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